Desde hace más de 500 años no hemos aprendido otro lenguaje que no sea el de la imposición para relacionarnos con nuestros diferentes e iguales. Quizá porque siempre hemos partido de la premisa que unos tienen que escuchar y obedecer, y otros tienen que hablar y ordenar. En otras palabras el lenguaje de los dominados y de los dominantes. Así hemos construido mayormente nuestra historia en el Perú y así la hemos ido asumiendo en los distintos ámbitos de nuestra vida.
El comportamiento de los gobernantes de nuestro país, Alan García y compañía, en los recientes hechos de sangre en Bagua, es un lamentable ejemplo de este tipo de relación. Se trata de imponer, a como de lugar, las recetas del libre mercado, léase TLC con Estados Unidos, para "el desarrollo y la modernidad de nuestro país", sin escuchar a los nativos ni buscar su participación en estas decisiones políticas. El resultado más de 40 muertos entre nativos y policías, así como decenas de indígenas desparecidos y heridos.
Algunos medios de comunicación siguiendo esta misma práctica de la imposición, han tildado de bárbaros y salvajes a los nativos, y de civilizados a los integrantes del gobierno y fuerzas policiales. El diario Expreso titula: ¡Treinta y tres muertos por barbarie extremista! Según esta noticia, la ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, confirmó durante su presentación ante la Comisión de Defensa del Congreso que los policías asesinados a manos de los nativos suman 24, mientras que son nueve los muertos entre las huestes nativas. O sea, los nativos "fallecen" y los policías son "asesinados". Expreso se refiere a la masacre como una barbarie extremista ejecutada por los nativos amazónicos pero no por los policías.
Es evidente que muchos medios de comunicación además de manipular la información, no ayudan a crear un clima de ciudadanía y de paz, sino, contrariamente a promover la cultura de la violencia; utilizando el mismo lenguaje de la imposición y del silenciamiento al convertirse en parlantes del gobierno y del poder. Los muertos entre nativos y policías en los recientes enfrentamientos son una prueba de que no estamos dispuestos a reconocer a los más de 70 pueblos indígenas con una cultura y un idioma propios que existen en nuestra amazonía y forman parte de nuestro país. Tampoco estamos dispuestos a tolerarlos cuando se movilizan buscando ser escuchados e incluidos políticamente con respeto y equidad.
La propuesta de diálogo por parte de los amazónicos, amparada en la Constitución Política del Estado y los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos (Convenio 169 de la OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas), sólo buscaba desde hace meses, que sean escuchados y que se los tenga en cuenta. La Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado en febrero del 2009 solicita al gobierno que se garantice la participación y consulta de los pueblos indígenas con respeto a las normas y políticas públicas que se vienen adoptando y que los afectan directamente.
La dolorosa experiencia en Bagua, debería ser un motivo de reflexión, para analizar que tipo de país estamos construyendo y que tipo de democracia necesitamos. Nuestra clase política deberá reconocer que el Perú está conformado por diversas culturas e identidades, y que si no establecemos, como mecanismo de solución a los conflictos, el diálogo democrático, equitativo y de respeto con nuestros diferentes, difícilmente construiremos una comunidad nacional plural con justicia y democracia.
El camino ya no puede ser más el que hasta ahora nuestros gobiernos han transitado !la barbarie!. Los shipibo-cunibos, ashaninkas, awajún, sharanahuas y cashibo-cacataibos, entre otras culturas, insistentemente claman por ser escuchados, porque se les permita hablar, porque se les respete como seres humanos y por tanto ser tomados en cuenta en las políticas de este país que los mira como salvajes, bárbaros y extremistas.
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